
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Hemos conocido el nuevo Santana Cajal, un auténtico todoterreno español que combina capacidades off-road con tecnología punta.
Santana Motors sigue ampliando su nueva gama de modelos y ya hemos podido conocer en persona el nuevo Santana Cajal, su segundo coche, durante su presentación estática celebrada en Madrid. Allí tuvimos la oportunidad de verlo de cerca, subirnos a su habitáculo, examinar sus acabados y recorrer cada detalle de un vehículo que, al menos sobre el papel, apunta a convertirse en uno de los pocos todoterrenos auténticos que quedan en el mercado.
La primera impresión es clara. El Cajal no pretende parecer un 4x4: lo es. Su diseño de líneas rectas, las generosas proporciones de la carrocería y elementos tan característicos como el portón trasero dividido, con apertura lateral e integrado con la rueda de repuesto, recuerdan a los todoterrenos de toda la vida. Un planteamiento que hoy resulta casi exclusivo y que encaja perfectamente con la filosofía histórica de Santana.
Pero lo realmente interesante está bajo la carrocería. El Santana Cajal mantiene una configuración que los aficionados al off-road llevan años reclamando: chasis de largueros y travesaños, reductora, tracción conectable y tres bloqueos de diferencial (delantero, central y trasero), una combinación reservada a vehículos preparados para enfrentarse a terrenos realmente complicados. A ello suma 22 centímetros de altura libre al suelo, un ángulo de ataque de 37 grados, 31 grados de salida, capacidad de vadeo de hasta 80 centímetros y una capacidad de remolque de 2.500 kilos.
Durante la presentación también pudimos acceder al interior y la sensación fue francamente positiva. Los materiales transmiten una calidad superior a la esperada en un vehículo con estas aspiraciones camperas y la tecnología tiene un protagonismo absoluto. El puesto de conducción reúne hasta cinco pantallas, incluyendo un cuadro digital de 10,25 pulgadas, una pantalla central de 12,8 pulgadas y otra de idéntico tamaño para el acompañante, algo prácticamente inédito en este segmento. Esta última permite incluso consultar información específica sobre la conducción todoterreno, como la inclinación del vehículo, el estado de los diferenciales o la profundidad de vadeo, facilitando el trabajo del copiloto en las situaciones más exigentes.
Motor diésel
Bajo el capó encontramos un motor diésel de 2.0 litros que desarrolla 163 CV y 390 Nm de par, asociado a una caja automática ZF de ocho velocidades. Además, incorpora hasta 11 modos de conducción para adaptarse a superficies como barro, arena, nieve, roca o vadeos. Santana asegura que buena parte de los componentes del propulsor proceden de Cummins , un fabricante con una reputación más que consolidada en motores diésel para aplicaciones industriales, lo que añade un punto extra de confianza de cara a su fiabilidad.
El nuevo Cajal también incorpora soluciones prácticas como estriberas retráctiles, un depósito de combustible de 85 litros para afrontar largas rutas lejos del asfalto, sistema Tank Turn para facilitar maniobras en espacios reducidos, techo panorámico, equipo de sonido con diez altavoces y una dotación de conectividad muy completa.
Bautizado en homenaje a Santiago Ramón y Cajal (a partir de ahora, todos los modelos de la marca llevarán nombres de personajes ilustres españoles o bien de lugares de nuestra geografía), este modelo representa el segundo lanzamiento de la nueva etapa de Santana y, tras haber podido verlo y tocarlo en directo, la sensación es que la marca no ha querido hacer un SUV con aspecto aventurero. Ha apostado por recuperar la esencia del todoterreno clásico, combinándola con un interior moderno y un elevado nivel tecnológico. Habrá que esperar a conducirlo para conocer su verdadero rendimiento y su precio, pero sus cifras, su planteamiento técnico y las primeras sensaciones dejan claro que tiene argumentos para hacerse un hueco entre quienes siguen buscando un 4x4 de los de antes.